¿Cómo llegué hasta aquí?
No sé cuándo comenzó, pero un día me di cuenta de que no era feliz, que mi vida no era mía, que no la vivía, que no la aprovechaba, que no la disfrutaba, que vivía para complacer a otros y sobre todo para hacer lo que se supone o lo que se suponía que “debía” hacer.
Quizás nunca fui feliz o nunca me sentí realmente feliz, puede que por eso buscara afuera, en otros, principalmente en parejas, aquello que tanto anhelaba tener: amor y felicidad en mi vida.
Y no era que no lo tuviera, sino que, o no era suficiente o no era como yo lo quería; o no era capaz de verlo, de darme cuenta, de sentirlo y de aceptarlo, es como si yo misma me hubiese autoboicoteando para impedir mi mayor felicidad. Finalmente, la desazón, la desesperanza y el desencanto de vivir, sumado a distintas experiencias dolorosas me hicieron sentir en un hoyo super profundo en donde nada tenía sentido, donde no había ya deseos de vivir.
El nacimiento de mi hija marcó un antes y un después en mi vida. Me hizo tomar consciencia de que la forma en la que vivía y en la que me acostumbré a vivir no podía estar bien, simplemente porque yo no me sentía bien, no estaba tranquila, no podía conectarme emocionalmente conmigo misma y me cansé, me di cuenta de que estaba en mí el poder cambiar, que no tenía por qué seguir viviendo de una forma en la que no me sentía bien, que podía cambiarlo, que no estaba condenada a vivir así y lo más importante, quería cambiar.
En ese momento algo nació en mí, se despertó una fuerza interna que me movilizó, al principio de forma desesperada buscando “algo” que no tenía idea de qué era, pero sabía que era importante y que era algo que tenía que hacer.
Y comencé la búsqueda tomando diferentes cursos de terapias, distintas técnicas de sanación, talleres, iniciaciones, meditaciones que me ayudaron, pero no fueron la respuesta a esa inquietud interna, a ese llamado interior. Hasta que llegué a la canalización y después de años de trabajo interior profundo, comprometido, constante e intenso puedo decir que me siento genuinamente feliz, que ya no es una condena la vida, que ya no estoy sumida en las sombras, que puedo admirar, sentir y disfrutar la belleza de la vida y de estar viva, que puedo sentirme y reconocer cada vez más quien realmente soy, ya no soy una extraña habitándome, me puedo mirar al espejo, reconocerme en mi propio reflejo y amarme, ahora puedo sentir amor.
